Armantina Maria, mi compañera de vida

No acostumbro hablar o escribir sobre Armantina María, la mujer que ha compartido conmigo la mayor parte de la vida. Su primer nombre es largo y con un origen poco claro, es derivado del germano y significa conductor de huestes, guerrero, se dice que es de relaciones duraderas y da lo mejor a su pareja. 100 por cien cierto. Ella es así, una mujer que no se doblega ante nada y fiel como pocas a sus compromisos y afectos. La conocí cuando tenía 19 años, en un lugar exótico e increíble de Nicaragua, llamado Laguna de Perlas, lo recuerdo como si acaba de ocurrir, yo estaba dando consulta médica a una paciente de los cayos cercanos a la laguna, y camine hacia la farmacia para verificar si tenían el fármaco a prescribir, en ese momento la vi, me encontré con una mirada que ha durado 31 años en mi memoria. Eso fue suficiente. Me acerque con cualquier pretexto, oí su voz, reconocí su mirada, nos encontramos una tarde, conversamos, la atendí una noche con un acceso de tos, y una noche increíble...